domingo, 28 de junio de 2009

Dora Isabel Berdugo Iriarte

Dora I. Berdugo I.

Teatro y poesía dos grandes campos en la mente de Dora


Poeta, abogada, ensayista narradora, dramaturga, teatrera y docente. Egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, de cuya institución fue docente en el programa de Educación Abierta y a Distancia.

Sus poesías han sido incluidas en magazines, revistas, suplementos y en varias antologías, regionales y nacionales. En su condición de miembro de la Asociación de Escritores de la Costa ha ocupado varios cargos en la Junta Directiva. Es autora de los libros “Contando sucesos”, “Por el agujero que se filtran las vivencias” y “Mutaciones”.

Obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Museo Rayo" de Roldanillo en el 2009.

Cuentista

Andrés Elías Florez Brum
Cuentista de mucho peso en la litereatura colombiana
Nació en Sahagún (Córdoba), junto al mar de Tolú y Coveñas y vive en Bogotá. Pertenece al grupo literario Contracartel. Especializado en Literatura Hispanoamericana del Seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo y en la actualidad cursa Magíster en Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
Ha recibido varios reconocimientos literarios. Sus figuraciones más recientes; ganador del XXIV Concurso Nacional de Cuento de la Universidad Metropolitana de Barranquilla 2002; Premio al mejor libro de cuentos, Viñetas de amor y de vida, Cámara Colombiana del Libro XIII Feria nternacional del Libro, Bogotá abril 2000.
Su libro La vendedora de claveles (Educar Cultural), obtuvo el segundo puesto en el Concurso Nacional de Novela Enka de la ciudad de Medellín. Con la novela Este cielo en retratos, obtuvo mención de honor en el Concurso Nacional de Novela Plaza y Janés de Bogotá.
Aparece en las nuevas antologías La Minificción en Colombia, Universidad Pedagógica Nacional (Bogotá), Antología del cuento corto colombiano, Universidad del Valle (Cali) y Antología del Cuento Caribeño, narradores del caribe, Universidad del Magdalena (Santa Marta). Entre sus obras se cuentan: El Visitante (novela, 1ª edición 1985, 2ª edición 1989, 3ª edición 1993, 4ª edición 2005, 5ª edición 2006), La obsesión de vivir (cuentos, 1990), Los Perseguidos (cuentos, 1980), La vendedora de claveles (novela, 1993), El trompo de Arcelio (cuentos para niños, 1981). El trompo de Arcelio (Ediciones Magisterio) y La vendedora de Claveles tienen ediciones en inglés.

Cuentista

Anastasia Espinel Souarez
Una rusa que maneja bien el cuento colombiano

Docente de la Facultad de Historia de la Universidad Industrial de Santander, en Bucaramanga, ciudad donde reside desde el año de 1998.
Nació en 1970, en Cherepovetz, una pequeña ciudad rusa, en una familia completamente ajena a todo tipo de creación literaria. Aunque comenzó a escribir a temprana edad, no se considera una escritora de verdad. tal vez, según ella misma lo expresa, carece de fantasía o imaginación para escribir algo "lo suficientemente literario", es decir, basado en pura ficción.
Su auténtica pasión siempre ha sido el Mundo Antiguo, sus fabulosas civilizaciones ya extintas, sus personajes semilegendarios y sus escenarios tan exóticos y tan diferentes a la actualidad. Siguiendo esa llamada del corazón, se convirtió en historiadora, docente, pedagoga y sólo después, sorprendida por aquella falta de interés de los alumnos por la materia, comencé a escribir.
Es autora de los libros: Auca sin nombre (2000), El Hombre de las Flores (2002), Sol de Libia (2002), Aventuras Neolíticas (2003), Masinisa, León del Atlas (2003), Quien es quien en la Antigua Rusia (2003), Los primeros Romanov (2004), Las amapolas de Partia (2004), El Mensajero (2005), Reescribiendo la historia (2007), La Montaña de la diosa Luna (2007), Cuentos de los Vencidos (2008), Héroes y leyendas de la Antigua Rusia (2008), y dos libros en proceso de publicación El Mundo Antiguo: misterios, enigmas, hipótesis y Publio en el País de las Cataratas.

Poetisa

Nora Carbonell
La literatura infantil esencial en la poetisa barranquillera


Docente, editora, poeta, tallerista y narradora barranquillera. Licenciada en Filología e Idiomas (Universidad del Atlántico) con postgrado en Pedagogía de la Lengua Escrita (Universidad de la Sabana). Diplomada en Gestión Artística.

Realizó estudios de Formación de Docentes en Madrid. Docente y orientadora de talleres literarios para niños y jóvenes. Editora de la revista CAMPANILLA, con textos poéticos y narrativos escritos por niñas y jóvenes.

Coordina el programa ¡VIVA LA LITERATURA!, en el Centro Cultural Comfamiliar del Atlántico. Es autora de los libros. “Voz de Ausencia”, Horas de Asedio”, “Trece Poemas y medio”, “Del Color de la enrancia”. Entre sus obras escritas para niños están: “Armando líos en el arco iris”, Lluvia María y el ladrón de Sonidos”, “La Z en el país de los números enteros”, “Cuentos de viajes y aventuras”, “Lino y la Viajera” y “Aventuras de una Cometa”.

Sus textos aparecen en las Antologías Diosas en Bronce (USA), Barco de Espuma (Santa Marta, Colombia), Poetas en Abril (Medellín, Colombia) y Nuevas Voces de Fin de Siglo (Santa Fe de Bogotá, Colombia), entre otras.

Ha leído sus textos en varios escenarios nacionales como la Feria Internacional del libro en Bogotá, el festival internacional de poesía Poemarío, en Barranquilla; Programa Poesía Mar abierto en Santa Marta y Encuentros de poetas en Cereté (Córdoba), Roldadillo (Valle), San Andrés Islas, y el Parlamento de Escritores en Cartagena entre otros.

Su carrera literaria le ha deparado las siguientes distinciones: Primer premio en el I Concurso Regional de Cuentos Infantiles (Comfamiliar del Atlántico). Mención de honor en el VII Concurso Nacional de Cuentos Infantiles (Comfamiliar del Atlántico). Mención de honor en el III Concurso de poesía Xicoalt (Salzburgo, Austria,). Primer premio en el Concurso Regional de Cuento Caribe (Convocado por el Grupo Literario El túnel de Montería, en Diciembre del 2.004)

lunes, 1 de junio de 2009

Lauren Mendinueta

Una colombiana con profunda vocación poética

Lauren Mendinueta nació en Barranquilla, Colombia en 1977. Empezó a escribir en 1997 mientras trabajaba como bibliotecaria en una pequeña aldea muy cerca de Barranquilla. Su segundo libro, Carta desde la aldea (1998), ganó el Premio Nacional de Poesía Joven del Ministerio de Cultura, y el tercero, Inventario de ciudad, (Golem, 1999), fue recibido con elogios en su país.
En el 2000 su poemario Autobiografía ampliada recibió dos premios nacionales de poesía, y cuenta actualmente con dos ediciones, una en España (Casatomada, 2006) y otra en México (Salida de emergencia, 2006). Además de estos poemarios ha publicado la biografía Marie Curie, dos veces Nobel (Panamerican, 2005), más dos recopilaciones antológicas de su poesía Donde se escoge el pasado (La dádiva, 2005) y Poesía en sí misma editada por la Universidad Externado de Colombia en el 2007 con un tiraje de 12.500 ejemplares.
El año pasado ganó en España el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos por su libro La Vocación suspendida (Point de Lunettes, 2008). Su nombre aparece en importantes antologías tanto en Europa como en América. Entre las más recientes Una gravedad alegre, antología de la poesía latinoamericana al siglo XXI (Difacil, 2007). Sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso y francés.
Su blog puede visitarse en http://www.laurenmendinueta.com/

Creación del mundo
y primera culpa del hombre

En el principio todo era definitivo,
sin misterio, excesivamente sencillo:
era la edad más vieja.
Pero en la jerarquía de los siglos todo comenzó con la culpa.
Cuenta el libro del Génesis que desde la expulsión
dos ángeles al oriente del Jardín
vigilan con espada de fuego
el anhelado Árbol de la Vida.
Para el escriba de Yahvé aconteció lo narrado.
Inconsolable suerte de la memoria
que nos remite a los días
en que la desobediencia doblegó a nuestros padres
y la primera muerte alcanzó a Abel.
Cuándo comprenderemos que en el tiempo humano
no es posible vivir en paz con el tiempo de Dios.


Un Macondo junto a la Sierra Nevada de Santa Marta

Memorable
la mano de la Sierra
desciende oblicua y lenta
para sorprender a su presa,
como si fuese a ofrendarla al mar,
como ofrendándola a la angustia,
como si fuera a dejarla, pero luego no.

La tierra levanta su espinazo
y se queda triste ante la gran cabeza blanca;
después se zambulle en la oscuridad,
o en la hermosa inconciencia de los aguaceros.

Las casas en el calor templado del día
se apoyan unas en las otras y se duermen;
la sombra que hasta el suelo las inclina
es amarilla, como vela de gran mesa.
Nada salvó su territorio,
ni la revolución de las plantaciones de moscas malvadas,
ni la nitidez del cielo donde se lamenta la tormenta,
tampoco el rayo de sol.

En las iglesias los campanarios están hechos
más para pájaros que para campanas,
y las piedras en las calles tienen la pureza de una fiera.

En estos lugares se da luz a lo invisible.
Como signo de que es cierta su existencia
se engendró al hombre para que cobrase
el salario del oprobio y del martirio.

Camino con cuidado por sus calles polvorientas
temerosa de maltratar el mito
que se fundara con el alma en la arcilla.

En este territorio los años mueren como niñitos pálidos
y no hay tumba que en su certeza puedas ver.
Todo tiene horma de sepulcro y uno sabe que está vivo.
¿Se ignora que aquí se dijo y se fundó el mundo?
En Macondo la realidad es apenas el principio
y ni siquiera el olvido escribió nunca del fin.

sábado, 16 de mayo de 2009

Eafael E. Yepes Blanquicet

Docencia y poesía un buen ejercio para la creación

Escritor, poeta, narrador e investigador. Nació en Cartagena el 22 de diciembre de 1954. Realizó sus estudios primarios en el Colegio San José de Torices y bachillerato enla Escuela Normal Piloto de Cartagena. Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Santo Tomás y especialista en Didáctica del Lenguaje de la Universidad de Cartagena. Ha sido docente del Liceo de Bolívar, Centro Nocturno Madre Bernarda, Ciudad Escolar de Comfenalco, Universidad de Pamplona y la Institución Educativa Ana María Vélez de Trujillo, de la que es Coordinador. Es autor de los poemarios “Poemas Visuales”, “Presentimientos”. Entre sus obras narrativas están “Ese lunar que tienes tú” y otros cuentos (1994-2008). “El erotismo como metáfora del poder” (Ensayo). “El carácter carnavalesco de la poesía de Luis Carlos López” (2008), trabajo con el cual ganó en el Concurso Escribe Caribe, en la modalidad de Ensayo. “La Huelga de Las Bananeras: Un episodio macondiano a la sombra del sindicalismo colombiano del siglo XX”, Ensayo (2008). Miembro de varios talleres literarios, entre ellos Yngermina.

Amaury Díaz Romero

Una vida dedicada a contar cuentos y ganar premios

Escritor, gestor cultural, docente e investigador colombiano. Nació en 1955 en la ciudad de Montería. Desde hace muchos años reside en la ciudad de Barranquilla. Estudió Ciencias Sociales en la Universidad del Atlántico, además realizó un postgrado en Gobierno y asuntos públicos en la Universidad Simón Bolívar. Ocupó el cargo de Gerente del Fondo Mixto de Cultura del Atlántico. Su carrera de escritor le ha deparado muchas alegría y satisfacciones al ocupar puestos importantes en los siguientes concursos: Tercer Puesto en el Concurso Binacional de Cuento Colombo-Venezolano, realizado en Cucúcuta en 1981. Primer Puesto en el Concurso Nacional de Cuento de la Universidad Autónoma del Caribe de la ciudad de Barranquilla (1982). En 1983 es finalista del Concurso de Cuento de Comfamiliar de Barranquilla, y ocupa el segundo puesto en el Concurso Iberoamericano de Cuento de Valparaiso, en Chile. En 1985 ocupa el primer puesto en el Concurso Nacional de Cuento de la Universidad de Cartagena. En 1988 tiene Mención en el Concurso Libro de Oro Hispanoamericano de Madrid. Es finalista en el concurso de Cuento de la Universidad Metropolitana de Barranquilla (1999) y en el 2002 lo es del Concurso Nacional de Cuento de la Revista Mefisto de Pereira. En 2007 es finalista en el concurso Libro de Cuento de la Universidad Central y en ese mismo año con la obra La Puta Decente obtiene Mención en el Premio de Novela “Benjamín James” de Alicante, España. Ha publicado los siguientes libros: La Cachucha Bacana (Cuentos), La Noche tiene piernas de mujer (Cuentos), Venus (Novela), Las Lubricidades de Colón y la Reina (Cuentos), Marzo Negro (Novela) y la Puta Decente. Fundador y Presidente de la Asociación de Escritores del Atlántico.

domingo, 10 de mayo de 2009

Álvaro Angulo Bossa

De abogado, músico, poeta y loco: todos tenemos un poco

Investigador, músico, abogado e historiador. Nació en la población de Turbaco el 30 de agosto de 1935. Dos años después, en 1937, a raíz de la muerte de su padre, su madre se trasladó a Cartagena, específicamente al barrio el Cabrero, ciudad de la que solo saldría años después cuando inició estudios de Derecho en la ciudad de Bogotá.
Realizó sus estudios de bachillerato en el Colegio de La Esperanza y Derecho en dos universidades: Cartagena y Libre de Bogotá. Ha ocupado los cargos de Juez Civil, Magistrado del Tribunal Administrativo de Bolívar y docente durante más de veinte años de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, que por sus excelsas calidades y su meritoria labor e investigaciones la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, le otorgó el título de profesor Emérito, dignidad alcanzada por muy pocos docentes.
Es autor de los libros “Añoranzas del Cabrero”, “Aspectos sociales y Políticos de la Historia de Cartagena en los siglos XVI y XX”, “Crónicas y añoranzas de Cartagena”, “Instituciones Políticas y Derecho Constitucional General” y “Novelistas y Cronistas de Cartagena de Indias”.
Casado con doña Mirna Arrieta Gómez, son padres de Julia Débora, Álvaro y Cesar. Actualmente es docente de la facultad de Derecho de la Universidad Libre, escribe una columna en El Universal y hace parte de una agrupación musical.
En los libros de Álvaro Ángulo Bossa, se siente el ambiente aún bucólico de la ciudad de Cartagena de Indias. En Añoranzas del Cabrero, el autor recrea las crónicas de su propia vida con el ambiente, con las tradiciones, con las costumbres y con los personajes de uno de los sectores más tradicionales y de más historia de la ciudad.
Su vocación por la música, según el mismo alguna vez lo ha expresado, le nace desde cuando siendo aún muy niño se iba a las playas de Marbella a escuchar a los cantores aborígenes que vendían sus notas a los turistas. Actualmente es integrante de la “Las Congas de Oro”, una agrupación musical compuesta por profesionales de la ciudad y en donde, además de hacer coro es el que lleva el peso de la batería.
Miembro de la Academia de Historia de Cartagena, de algunas sociedades de Juristas y de la Asociación de Escritores de la Costa, y de otras organizaciones de Intelectuales, en la actualidad se dedica al ejercicio del derecho, de la docencia, de la música y de la investigación, fruto de ello es su próximo libro sobre la Música en el Caribe colombiano.
Álvaro Angulo Bossa es un típico hombre Caribe, por su forma espontánea, su manera de ser descomplicada, su forma de vestir, su trato amable, su locuacidad y todos esos valores que caracterizan al hombre del trópico. Eso le ha granjeado el cariño y la amistad, no solo de sus alumnos, de sus exalumnos, sino de todas aquellas personas que de una u otra manera le han tratado alguna vez.

Juan V. Gutiérrez Magallanes

Rastreando tradiciones e historia chambacuneras

Docente, investigador, poeta y furibundo reivindicador de los derechos de la etnia afrodescendiente. Nació en Cartagena a finales de 1946, en el barrio de San Diego. Bachiller del Liceo de Bolívar de Cartagena, en tiempos en que los “profesores tenían miedo de llegar”. Sus estudios superiores los realizó en la Universidad Pedagógica y Tecnologica de Colombia de Tunja, en la facultad de Ciencias de la Educación en el Área de Biología y Química. Además ha realizado diplomados sobre estudios Afrocaribes.
En su condición de docente ha sido profesor en la Escuela Normal Piloto de Cartagena, Colegio Soledad Acosta de Samper y del Liceo de Bolívar, en donde además de docente fue Coordinador Académico de la Jornada Matinal.
Ha publicado las siguientes obras “Chambacú a Tiña Puño y Patá”, “Getsemaní: Oralidad en Atrios y Pretiles” en co-autoría del Licenciado Jorge Valdelamar M. Crónicas y Poemas en El Diario Universal y El Boletín del Jubilado del Departamento de Bolívar y “La Lírica en las Ciencias Naturales”.
Es miembro de la Asociación de Escritores de la Costa y de la Red para el Avance de las Comunidades Afrodescendientes.
Ha sido conferencista del Parlamento de Escritores e Intelectuales del Caribe, del que es miembro fundador, en las versiones V y VI.
Ha sido coordinador y Director de Yngermina, Taller Departamental de Escritura Creativa, y Producción de Textos.

Miguel Iriarte

Poeta de estirpe sinuana
oeta, ensayista, gestor cultural, investigador cultural, ex catedrático de Teoría y Crítica Literaria de la Universidad del Atlántico y catedrático de Semiología y Lingüística de la Universidad del Norte.
Actualmente es director de la Biblioteca Piloto del Caribe, director y editor de la revista de investigación, arte y cultura víacuarenta y director de la Revista Oral Astrolabios. Hace parte también del comité editorial de la revista internacional Berlín 26 °.
Ha publicado los siguientes libros: “Doy mi Palabra”, Ediciones Simón y Lola Gübereck, Bogotá, 1985, “Segundas Intenciones”, Ediciones Metropolitanas, Barranquilla, 1996 y “Cámara de Jazz”, en edición bilingüe, español/ inglés, Barranquilla 2005. Tiene en preparación un cuarto poemario titulado Semana Santa de mi boca, también prepara un volumen que se titula Protextos, que compila notas, conferencias, artículos, ensayos y entrevistas sobre temas académicos y culturales y una novela tentativamente titulada La ceja del tigre.
Sus poemas aparecen antologados en los siguientes volúmenes de poesías: Poetas en Abril, ediciones Sociedad de la Imaginación, Medellín, 1985, Panorama Inédito de la Poesía Colombiana, Procultura, Bogotá, 1986. Revits Prometeo, Edición Especial del Festival Internacional de Poesía de Medellín, 1994, Revista Casa Silva, Dossier de Poesía del Caribe Colombiano: antología de poesía y de poetas de Sucre. Atlas poético de Colombia, Bogotá, 1996, Antología de Poetas de Sucre, Ediciones Gobernación de Sucre, Sincelejo, 1997, Cinco poetas de Sucre, Ediciones Fondo Mixto de Cultura de Sucre, 1998, Antología de la Poesía Colombiana, Biblioteca Familia, Presidencia de la República de Colombia, 1997, Quien es quien en la poesía Colombiana, Ministerio de Cultura, Bogotá, 1998.
Ha participado en recitales individuales y colectivos en Colombia, Cuba, Estados Unidos e Italia.

Yahaira Pinilla


Combina periodismo y poesía


Yajaira Pinilla Carrascal.-Poetisa de 34 años, nacida en Ocaña Norte de Santander, residenciada en Barranquilla. Licenciada en Ciencias Sociales, egresada de la Universidad del Atlántico. Especialista en Gestión Educativa, egresada de la Universidad de Pamplona.

Periodista y Relacionista Pública. Se ha desempeñado como asesora de comunicaciones en el sector público y privado, reportera de varios medios de comunicación, docente universitaria y gestora de proyectos en el campo gremial.

Por varios años ha venido cultivando su gusto por las letras y la poesía a través de múltiples publicaciones, recitales y eventos culturales. Reconocimiento: Mujer Sobresaliente. Colegio Cristhoforo Colombo 2007. Miembro de Poetas del Mundo. Miembro de la Voz de la Palabra escrita. Miembro del cí rculo de profesionales de la Comunicación

Marielena Aldana



Poetisa bolivarense, aunque nació en la ciudad de Sahagún., en el Departamento de Córdoba. Desde que tenía cuarenta días de nacida vive en la ciudad de Cartagena.

Realizó sus estudios primarios en el Colegio La Candelaria y bachillerato en el Gimnasio Femenino del Carmen. Egresada de la Facultad de Administración de Empresa en la Universidad del Atlántico. Ocupó el cargo de Coordinadora Administrativa del Hospital Universitario de Cartagena, durante ocho años.

Es miembro del taller de Literatura de la Asociación de Escritores y en cuya organización se desempeña como Protocolo Empresarial. Ha participado en diversos recitales y muchos de sus pomeas están publicados en periódicos, revistas y en portales de Internet.

sábado, 9 de mayo de 2009

Edaurdo Márceles Daconte

Figura del arte y de las letras en el Mundo


Nació en Aracataca (Colombia) pero desde temprana edad vivió en Barranquilla. Al terminar la primaria se trasladó a Nueva York en donde completó la licenciatura de Humanidades (B.A.) en New York University (1970) y asistió al Centro de Estudios Latinoamericanos de la University of California (Berkeley) para un posgrado en historia cultural de América Latina.
Regresó a Colombia en 1975 para enseñar historia del teatro de América Latina en el programa de posgrado de la Universidad Javeriana y de literatura inglesa y estado-unidense en la Universidad La Gran Colombia de Bogotá. En 1986, la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai (China) contrató sus servicios como profesor visitante de estudios latinoamericanos y editor del diccionario chino-español. Después de permanecer un año como Distinguished Visiting Professor en la Universidad de Miami-Dade (Florida), regresó a Nueva York en 1989 donde se desempeñó como curador multicultural y conferencista sobre temas culturales e históricos de América Latina en el Queens Museum of Art del cual renunció en 1995 para dedicarse a la investigación cultural.
En Colombia publicó el libro de cuentos Los perros de Benares y otros retablos peregrinos (Editorial La oveja negra, 1985) y el libro de ensayos La crítica de arte y las tendencias de la pintura en Colombia (Minrex, 1984), así como numerosos artículos, entrevistas, reseñas literarias y artísticas en diarios y revistas de Colombia, Estados Unidos y América Latina. En 1993 apareció su antología Narradores colombianos en USA para la colección Escritores colombianos en la diáspora del Instituto Colombiano de Cultura. De igual modo, publicó Nereo López: Testigo de su tiempo, biografía del destacado fotógrafo cartagenero, comisionada por el Ministerio de Cultura de Colombia para la colección Vida y Obra (2002). Relámpagos en la oscuridad, una novela aún inédita, trata sobre los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. Además del volumen de Los recursos de la imaginación: Artes visuales de la región andina de Colombia, siglo XX (Vol. II) es el autor de Los recursos de la imaginación: Artes visuales del Caribe colombiano (Editorial Mejoras, Barranquilla, 2008), y Los recursos de la imaginación: Artes visuales de Oriente y Occidente, en preparación En su bibliografía se incluyen también Quince poetas para iniciar el milenio: Antología bilingüe de poesía colombiana en USA (2000), Los hijos de Sandino (1980), libro autorreferencial de testimonios sobre la revolución sandinista, y Gabo en China y otros ensayos y reportajes.
En el proceso de escribir ¡Azúcar!: La biografía de Celia Cruz (Reed Press, New York, 2004 edición bilingüe, español-inglés; segunda edición Azúcar Editores, Ltda. Bogotá, 2005) renunció a su trabajo como editor de la revista de cultura y entretenimiento Vida-Hoy que circula semanalmente con el periódico Hoy de Nueva York, para dedicarse tiempo completo a la escritura y a la investigación cultural. Desde finales del 2004 se radicó en Salgar (Atlántico), donde ejerce también como corresponsal y colaborador en publicaciones de Colombia y Estados Unidos, y como asesor de asuntos culturales para diversas organizaciones nacionales e internacionales.

Adriana Rosas

Una cuentista rosa en la Arenosa

Nació en Bogotá y se crió en Barranquilla. Se ha desempeñado en cargos culturales en Barranquilla y Barcelona (España), fue coordinadora de la I muestra de Cine, Literatura y Ciudad, y ejerce la docencia en la cátedra de literatura y cine, en la Universidad del Norte. Hizo la Maestría en Literatura en la Universidad Autónoma de Barcelona, elabora su Tesis Doctoral sobre literatura escrita por mujeres. Dirige el Taller de Creatividad Literaria Vista al cuento. Próximamente será publicado uno de sus textos en la Antología Voces con vida del I Concurso Internacional de Cuento Breve en México, sus cuentos también aparecen en el libro Vista al cuento- Sonidos interiores, y en La casa de las palabras ciegas.

Tatiana Guardiola

Escribiendo siempre para los niños
Escritora, docente y periodista de opinión. Natural de Santo Tomás, una población cercana a Barranquilla y famosa por los flagelantes de Semana Santa. Licenciada en Idiomas de la Universidad del Atlántico. Especialista en Administración Educativa de la Universidad del Tolima. Columnista de opinión del periódico La Libertad. Libros publicados: ¡No me esperen mañana! (Cuentos), 2003, Tinta y pinceles para mi amante (poemas), 2005, colección de cuentos ANTIGUALLA, 2009, Cuentos infantiles Mascotas, año 2009. Sus poemas han sido incluidos en las antologías “Homenaje a la familia”, Ediciones Luna y Sol y “Vuelve a soñar”, Editorial Antillas. E- guardiolataty@hotmail.com

Nelson González-Ortega


Lleva de la mano la literatura colombiana en el exterior


Catedrático de Literaturas Hispánicas en la Universidad de Oslo (Noruega). Obtuvo su licenciatura (Filkand) en la Universidad de Estocolmo (Suecia), su Maestría (Master in Hispanic Literatures) en The University of Alberta-Edmonton (Canadá) y su doctorado (Ph.D. in Spanish Language and Literature) en The University of Wisconsin-Madison (EE.UU). Ha enseñado en universidades de Canadá, Estados Unidos, Suecia y Noruega. Actualmente participa en el proyecto multicultural sueco (1999-2004): "Literature and Literary History in a World Context". Especialista en la novela hispanoamericana de los siglos XIX y XX y la teoría literaria del siglo XX. Sus libros y artículos literarios han sido publicados en Escandinavia, Estados Unidos y América Latina. E-mail:: nelson.gonzalez-ortega@kri.uio.no

Manuel Guillermo Ortega

Volvio literatura el Tedio en la Casa de Asterión


Cuentista, ensayista y profesor de la Universidad del Atlántico, donde coordina el área de Literatura. Par académico inscrito en COLCIENCIAS. Coordinador del Grupo de Investigación Literaria —GILKARÍ— categorizado en A, en Colciencias. Firma sus trabajos con el seudónimo de Guillermo Tedio. Ha ganado varios concursos nacionales e internacionales de cuento. Es Licenciado en Filología e Idiomas. Estudió Derecho, graduándose con una tesis meritoria sobre Derecho de autor o Propiedad intelectual. Magíster en Literatura hispanoamericana, del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. Sus trabajos críticos han sido publicados en revistas y periódicos de Colombia y el extranjero. Sus cuentos “Lucero de mi noche”, “Historia de un hombre pequeño”, “Ritual de las alas del gusano” y “No han visto el mar mis ojos” aparecen publicados en antologías de cuento colombiano, la última realizada por el cuentista Jairo Mercado Romero y editada por la Universidad del Magdalena. Relatos suyos han sido traducidos al francés y al italiano. Ha publicado tres libros de relatos: La noche con ojos, También la oscuridad tiene su sombra y El amor brujo. Ha realizado investigaciones críticas sobre Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Denzil Romero, Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez, Jorge Artel, Marvel Moreno, Héctor Rojas Herazo. Edita y dirige en Internet la revista de estudios literarios LA CASA DE ASTERIÓN, indexada por la Universidad de Oxford. Adelantó, en Convenio Universidad del Atlántico-COLCIENCIAS, una investigación sobre valores identitarios en el cuento caribe colombiano, en los años 2002-2003. Email: guillermotedio@hotmail.com

Dina Luz Pardo Olaya

Poetisa que hace de la vida una Metáfora

Poetisa, periodista radial, dirigente gremial, activista política y excandidata al concejo de Barranquilla. Nació en San Marcos (Sucre) el 7 de noviembre de 1973 y reside en Barranquilla (Colombia); de profesión Periodista y Relacionista Pública, dirigente gremial y poetisa por vocación. Miembro de la Sociedad de Escritores del Atlántico, del Colectivo Artístico Cultural Luna y Sol y de la Plataforma Literaria Club Dante -España-.

Se desempeñó como reportera de algunos medios radiales en esta ciudad, “Pase la Tarde Con Caracol, regional”; en el informativo dìa al dìa por Colmundo Radio, como conductora y coordinadora y en el Radar Económico de la Costa como Reportera Económica. Estuvo vinculada a la Empresa de Desarrollo Urbano de Barranquilla, EDUBAR S.A. Actualmente dirige el gremio de comerciantes del Centro Histórico de Barranquilla, ASOCENTRO, en donde ha desarrollado una lucha tenaz, incansable y persistente, por la recuperación integral del centro. Su poesía ha sido publicada en varias ediciones de la Revista-taller Luna y Sol, en la antología de Poesía Universal “Rostros y Versos” (El Salvador), en la revista Literaria Club Dante y en el libro VUELO DE JAZMINES, antología poética en homenaje póstumo a Meira Delmar; directora de la Revista Cariguaña, edición exclusiva del Centro Histórico de Barranquilla. Libros publicados: “El leve trazo de mis huellas” y “Albricias y un ponqué de ilusiones”, Orquídea Editores (2007); “Quebranto de flor” (1998), Ediciones Luna y Sol. Su voz, su vibrante y necesaria voz, ha engalanado escenarios y recitales de la última década de la Arenosa y de las ciudades del Caribe Colombiano.

Es Miembro del cuerpo directivo de la Fundación Mi Hogar, Niños del Centro, en Barranquilla. Además, es Miembro Fundadora de “Albricias y un ponquè de ilusiones”, fundación que tiene por objeto trabajar por los niños con cáncer. A raíz de su experiencia personal, a través de su hija Marìa Camila, quien falleció a la edad de ocho años y medio a causa de un cáncer, Dina Luz se comprometió a trabajar para gestionar a través de la fundación diferentes tipos de apoyo que requieren los padres de otros niños con cáncer. Algunos video-poemas suyos están colgados en Youtube: Eres niño y me gustas. La receta de hoy. Beso. Para cuando seas grande. Lloverá, esta noche lloverá.



LA RECETA DE HOY


La cocina espera por mí
para hacer contigo mi mejor receta.
He adobado tu piel, con dulces fragancias a naranja,
le puse la sazón de mis manos
y a los olivos le extraje su opulento aceite,
para que el roce sea fluido, suave, armonioso.
Ahora tras mezclar y entremezclar,
han quedado residuos en mis uñas.
Se me quedó empotrado algo de ti,
así que lameré uno a uno mis dedos,
para que tu amor no solo se me entre por tus besos,
tus caricias y tu sexo.
El vino…
El vino lo caté en tu sonrisa
que me dejó un halo de entrega total,
de una cosecha que hoy ya no existe,
que me ebria y me endulza
la última libido de mi pudor.
Todo está dispuesto,
te cociné a la temperatura total de mi cuerpo,
de mi vientre.
probé y supe que mi plato era perfecto;
exquisito… para repetir.



domingo, 27 de abril de 2008

Poeta

Canadelario Obeso


Considerado por la crítica como el primer poeta negro de América. Nació en la ciudad de Mompox el 12 de enero de 1849 y murió en Bogotá el 3 de julio de 1883, después de soportar una lenta agonía a causa de la herida producida accidentalmente cuando limpiaba un arma. Versiones iniciales decían que se había pegado un certero balazo.
Llevó una vida de alegrías y sinsabores, pero también de triunfos y satisfacciones. Sus primeras letras las aprendió en la entonces Universidad de San Pedro Apóstol, hoy Colegio Pinillos, en su natal Mompox.
El mérito de su poesía radica en que es primero de todos los poetas del país que incluye en su exigua pero significativa producción literaria la jerga de los bogas del río y el sufrimiento y martirio de su raza, etnia de los negros africanos esclavizados.
Obeso legó a las letras colombianas las obras “Cantos Populares de mi Tierra”, “Gramática Latina”, “Secundino el Zapatero” y “La Familia Pigmalión”.


Canción del Boga Ausente

Que trite que eta la noche
La noche que trite etá;
No hay en er cielo una estrella
Remá, remá.

La negra re mi arma mía
Mientras yo brego en la má,
Bañao en suró por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará?

Tar vé por su zambo amao
Doriente sujpirará
O tar vé ni me recuerda…
¡Llorá! ¡Llorá!

Las jembras son como toro
Lo r’eta tierra ejgraciá;
Con acte se saca er peje
Der má, der má!...

Con acte se abranda er jierro
Se roma la mapaná…
Cortante y ficme? laj pena!
No hay má, no hay má!...

Que ejcura que etá la noche,
La noche que ejcura etá;
Asina escura e la ausencia
Bogá, Bogá!...

Madrigal a
Carlos José Restrepo

Dices que no me quiere; que la olvide...

¿Y bien sabes lo que es amor?¿Sabes lo que me pides?
Si el mismo Dios me dice que la olvide,
Le digo a Dios que NO....
Y si en castigo a mi blasfemia impía
Me la quita veloz,
Entonces, me suicido: voy al cielo
Y se la quito a Dios.

Cuentista

Gilberto Garcia Mercado

Nació el 5 de febrero de 1965 en Fundación (Magdalena) Colombia. Escritor autodidacta. Actualmente reside en Cartagena de Indias, Bolívar. Barrio Boston, sector El Pueblito. Calle de las Flores No. 44C-40. Tel. 6743584. Colombia.
Ha escrito en El Universal de Cartagena. Hoy Diario del Magdalena. Publicó en el 2000 el libro de cuentos “La otra cara de Eva”. Recogido por El Heraldo Revista Dominical. Ganador del Concurso Nacional de Cuentos del Caribe 1995. Segundo lugar en el Concurso Proyecto Editorial de la Secretaría de Educación y Cultura de Cartagena. Posee cuentos, artículos, crónicas y novelas inéditos.
gilgarmer@hotmail.com
gilgarme@yahoo.com


Algunos Trabajos del autor


CRÓNICA COLOMBIANA.

Se observa vociferar al hombre de pie en el escaño. La atmósfera nutrida de perfumes raros y extravagantes surge con la formación, el carácter, y la región que el senador representa. Los ambientalistas huelen a río y humedad, el Amazonas, la Sierra Nevada de Santamarta y los parques naturales les preocupa y les llena sus agendas. Por el contrario, los amigos del progreso a cualquier precio, hacen gala de que el país debe entrar en la comercialización maderera, defienden a pundonor la destrucción de grandes bosques, aunque para atenuar el daño manifiestan la siembra de especies que crezcan en el menor tiempo posible.
El hombre la emprende contra aquellos Representantes que no defienden el bienestar ni la integridad de los colombianos. Fuera, y antes del debate, el Ministro hizo gala de componendas, de que el partido de Gobierno es mayoría, que si este o tal senador vota a favor aténgase a los beneficios burocráticos, pero si no…
El Senador eleva las manos al cielo del Congreso. Un Dios medroso ante tal jauría de lobos no sabe por qué se hallan allí los padres de la patria. Los cerebros más doctos, como el camaleón se mimetizan pero tras de sus mentiras…
El otro día, ese mismo Senador llegó a un pobre suburbio de una capital costeña. Cómo impresionaba su fisonomía, su extremada delgadez, su aire de hombre pulcro. El Dios del Congreso le concedió la virtud de la política, y este luzbel se rebeló en contra de sus dogmas, y Dios no supo qué hacer frente a ese hijo renegado de su Congreso Perfecto... Desde entonces se los observa allí, pues aquél no es el único, destapando ollas podridas, tirándose los trapitos en la cara, mentándose la madre, pasando por filántropos, realizando todo tipo de milagros y con la convicción de tener la solución para todo tipo de problemas. Aunque para ello recurran a sus dotes de culebreros, de sus diplomas invisibles pendiendo de sus pechos en donde consta la carrera de matones o corruptos, en las guerrillas, paramilitares, las mafias del narcotráfico o en la propia clase política. Es tal la oratoria que convencen a todo el mundo. A la perfección estudian sus ademanes frente a las cámaras, cómo sonreírles a las reinas, y ganarse la adepción de escritores como García Márquez. ¡Qué tal si han engañado a Dios…! El hombre que vociferaba dijo que aliviaría la pobreza de los pobres, que la política con él era a otro precio, que no habría más impuestos, que aumentaría la cobertura en salud, y que habría más viviendas y no sé cuántos puestos de trabajo. Puras chácharas y fanfarronerías porque hoy se siguen muriendo, los pobres en los hospitales, de pobres…
Los egresados de medicina, los ingenieros, los maestros, los escritores y los hombres de m, no hallan trabajos dignos, algunos degradados en su dignidad se agolpan en las esquinas, a vender minutos en celular, a transcribir en algún café en Internet porque si no, te mueres de hambre, carajo.
Ese mismo hombre del suburbio, se vuelve a levantar, energúmeno, agita documentos para sustentar sus denuncias, se los restriega en la cara a los representantes del Gobierno, recuerda lo que dijo en cierta ciudad costeña, la pulcritud y la honradez es el eslogan de toda mi vida pública. Yo me debo a mis comunidades. ..
Pero entonces, en la soledad del cuarto de estudiante, en el fragor de restaurantes y cafeterías, en el puesto de vendedor ambulante, en el vehiculo escolar, en canales de televisión y periódicos. Al otro lado del charco, el Papa y el Vaticano, se tragan el cuento que ya no es a lo colombiano sino que amenaza con contagiar el mundo. El político hace su trabajo, vive a expensas del más pendejo, si vive delinquiendo lo premian con una rebaja de pena, y, entonces en la cárcel, donde se encierra al individuo para regenerarlo y mostrarlo como ejemplo para la sociedad, de los malos, se halla mejor que en un hotel de cinco estrellas…
Ese mismo senador, rechoncho moralmente, abandona el recinto, parece ofuscado a punto de un paro cardiaco pero no hay tal, mira sobre el hombro a los de la oposición, aterriza con una sonrisa a la prensa asombrada. Lanza algunas expresiones despectivas, a un lado del umbral un líder de aquella comunidad de cierta ciudad costeña, con el que estableció relaciones fuertes para obtener su credencial de Representante, espera durante toda la sesión del parlamento la promesa del senador, díganle que lo recibo a las cuatro, le había dicho su asistente. Pero el Senador pasa por encima del pobre líder, ni siquiera lo mira, y manifiesta algo así como no lo conozco, señor. Ya fuera del recinto, el Senador sube a su vehículo blindado. Se dirige al sur, donde habita la clase social prestante de la Capital. El cronista reconoce la casa de un Presidente o de un expresidente lo mismo da. El padre de la patria desciende del vehículo, y en seguida, al asomar en el umbral, estalla la lluvia de aplausos por cinco minutos. Se hallan allí los miembros del Gobierno, el Presidente o un expresidente lo mismo da, disidentes, y toda la parafernalia de quienes en el Congreso de Dios montan el Teatro más conmovedor que hasta el mismo William Shakespeare, lo envidiaría. En la mente del espectador, aún persiste el álgido y rimbombante espectáculo del debate. El país entero se paraliza, la gente opina mientras el político de turno, el gobierno, y el gabinete en pleno choca copas, beben y bailan hasta el amanecer. Y claro, la recepción la pagan los bolsillos de los colombianos.


EL ERMITAÑO
Cuento

Otra vez despierto. Las ruinas de Flor del Valle están untadas de mí. O puede ser lo contrario. Pero aquí estoy de nuevo. Allá, donde la hierba ha invadido las casas en ruinas, ahí estoy yo. He perdido la noción del tiempo. El día y la noche pasan con una sucesión inalterable. No sé qué día es hoy. Ni en qué mes estamos. Han pasado tantos años que el cabello, la barba, y el bigote se arrastran por el suelo. Mi piel está pálida y débil. Y camino paso a paso, como los ancianos. No sé por qué no me he marchado de aquí. Mi alma se ha acostumbrado a la soledad y a las ruinas. Soy un bicho que vive en la oscuridad. Y que le tiene miedo al sol y al frío que bajan de la Sierra. Cuando los guerrilleros llegaron al pueblo, yo venía de Valparaíso. Así que alcancé a ver la explosión en la oscuridad. Y mil veces le di las gracias a Dios porque yo no alcanzara al sordomudo que iba en su bicicleta, raudo, para Flor del Valle. Yo le grité y hasta le lancé una piedra cuando veía que él ya iba por la curva y sabía que no lo iba a alcanzar jamás. “Jacinto”, le grité.
Anduve a pie toda la noche. Y aunque me envolvía la oscuridad, por momentos la luna iluminaba todo el camino. Me sentía feliz recibiendo las brisas estivales. Y desafié a todos los demonios. Cuando sentí las explosiones y las ráfagas de la metralla, algo bruscamente se desprendió de mí. Pensé en Rosalba a quien le había prometido fidelidad horas antes de que me marchara en bicicleta para Valparaíso. Y un presentimiento, agudo como la noche, poco a poco se fue refugiando en mí. Entonces cada ráfaga o explosión que escuchaba le ponía alas a mis pies. En mi loca carrera tropezaba con arbustos y hierbas – a veces caía y me golpeaba terriblemente – pero me levantaba con nuevos bríos, como un condenado a muerte busca su salvación. No sé cómo llegué a contemplar, con una impotencia tal, el dantesco espectáculo. Aquellos como el teniente de la policía, que pedía a gritos – en unas escenas desgarradoras - que “Dios mío, ayúdenme”, eran rematados sin clemencia alguna por parte de la guerrilla. Así vi cómo don Euclides Miranda – a quien le debíamos tanto, y que en la agonía de la muerte había corrido desesperado en un intento por sofocar el incendio, que consumía sus propiedades, y aquel camión y aquella planta obsoleta que eran su orgullo, y que tanto había servido a Flor del Valle – vino a morir acribillado por uno de los tantos desalmados de la subversión.
Son imágenes que se repiten. Lentas, borrosas pero que atormentan el espíritu. Fue como una magia de Navidad. Como quemar juegos pirotécnicos. Así ardió Flor del Valle. He luchado todos estos años por sacar esos recuerdos de la mente. Pero cuando digo que voy a marchar – y me miro en el espejo de la acequia – cuando digo que iré de ruina en ruina, de casa en casa, de este pueblo fantasma, sólo para buscar unas tijeras oxidadas, y cortar toda esta pelambre, entonces aparece Rosalba con su carita angelical diciéndome – con un hilillo de sangre en las comisuras de sus labios – “por favor, amor. No me abandones”. Entonces agarro la vieja bicicleta que se averió la noche infernal en Valparaíso, monto en ella, pedaleo con más fuerza, y recorro el pueblo fantasma dándole mis saludos a don Euclides Miranda, y uno que otro beso para Rosalba Tres Palacios.
Ha sido una tortura todos estos años. He visto cómo se termina de caer toda Flor del Valle. Despacito. Piedra a piedra. Como si un Dios colérico odiara las ruinas. Y estuviera confabulado contra la permanencia de éstas en el tiempo. Hoy la maleza, el polvo y el olvido, se han adueñado del pueblo. ¿Qué pueblo? Divago, porque Flor del Valle ha muerto. Al principio la Flor se mantuvo altiva. Y mantuve las esperanzas de hallar a Rosalba Tres Palacios viva. Me dije: “Hay que perpetuar a la especie. Flor del Valle no puede morir así”. Entonces apartaba los escombros de su casa. Y como no la encontrara me alegré. “Se la llevaron los guerrilleros”, pensé. No todo estaba perdido, porque Rosalba Tres Palacios engendraría nuevos hijos. No importaba que los concibiera con un guerrillero, o con un hombre bueno. Lo importante sería eso: Que preservara la especie. Algún día su hijo vendría a rescatarnos del olvido. Vendría montado en un caballo blanco. Azotaría los cuatro puntos cardinales. Y soplaría fuerte…Y ¡zas! El pueblo emergería de entre sus ruinas. Altivo, buen pueblo. Buena gente. Yo quise mucho a Rosalba Tres Palacios. La quise para tener hijos. Para que los hijos de nuestros hijos y de todas las gentes que vivían aquí, continuaran con el legado: Ser una raza nueva y pura dentro de esta violencia que socava el país. Y de la cual fuimos unas víctimas inocentes. Porque nosotros no tuvimos la culpa. Nosotros jamás alzamos la voz para denigrar las actuaciones de la guerrilla .Y si ellos se habían instalado en el Guayabo, pues eso nos tenía sin cuidado. ¿Por qué una población distanciada del mundo – que no albergaba resentimientos ni envidias, ni pretendía exigir la mayor atención de un Gobierno que nunca conocimos, fatuo, mentiroso – podía terminar así? Era una pregunta que quedaba sin respuesta.
Y pasaban los años – o los días, pues había perdido la noción del tiempo – esperando ese hijo de Rosalba Tres Palacios y el guerrillero. Pero los días llegaban parsimoniosos, entre el tedio ocasionado por la soledad del pueblo, y el cuchillo del no saber el porqué su esperado hijo no llegaba. Entonces el corazón se fue secando. Se volvió de piedra, y me convertí en un ser extraño. A veces despertaba de madrugada, y me iba hasta la casa de la muchacha, y me extasiaba contemplando su fantasma. Allí estaba ella demacrada, lívida, pero tremendamente enojada. “No quiero saber nada de ti” – me decía exaltada – “Tu dolor no me deja descansar en paz”. Entonces fue cuando comprendí, después de reflexionar y darle vueltas en la cabeza al problema, que ella tenía razón. Tenía que luchar por olvidarla. Por eso cuando irrumpí en su casa en ruinas, y le dije que, “me marcho definitivamente de aquí”, no atendí a sus súplicas. “Por favor, amor. No me dejes”, me dijo. Pude quedarme en ese sitio todo este tiempo. Y vivir lleno de sus recuerdos. Pero entonces más lívida y demacrada la vi, y fue entonces cuando comprendí que ella estaba triste, y verdaderamente muerta. Jamás volví a las ruinas de su casa. Jamás volví a tropezarme con su fantasma. Y me olvidé de Rosalba Tres Palacios.
¿Qué me queda por hacer ahora? ¿Marcharme a la ciudad y buscar una mujer con quien perpetuar la raza? ¿Me quedan energías todavía? No sé. Vivir esta vida silenciosa y oscura es como andarse peleando con Dios. Entonces parece que alguien en el instante me dijera que “no corras, que ese es tu destino”. Y enseguida, enojado, monto en la bicicleta, y me voy para el colegio. Quiero ver a la profesora Luisa, y yo y sus alumnos, siempre agarrados de su mano. Quiero ver las piernas bien torneadas de la profesora Nena Díaz. Observar al profesor Luís Cuadro perseguir al loco Carlitos. Y a sus alumnas correr, espantadas, porque el loco les ha mostrado el sexo grande y erecto. Ah, qué tiempos aquellos. Si hasta veo a don Próspero Ballesteros cuando abría la tienda. Lo retrato soñoliento en el taburete recostado contra la pared. Pleno medio día y con un sol canicular. Y yo, comandando la pandilla de barrio Abajo, destapando despacito los frascos de los dulces, para entonces vaciarlos lentamente en nuestros bolsillos.
Las nostalgias, creo yo, no cesan nunca. El pueblo perdió los encantos de sus alrededores. Ya ni la Manguita – con la bonanza de mangos en otros tiempos – presenta sus paisajes y riachuelos. (Nosotros no esperábamos el Apocalipsis humano que sería la guerrilla en Flor del Valle). Todo ahora luce triste, estéril. Hoy ya no veo el gesto noble de Kalimán, un perrito que alzando su patita se orinó los volantes en los que venía impresa la fotografía del Presidente llamando a los guerrilleros a la reconciliación. “Perro pendejo” – dijo don Camilo Ahumada – “Ahora no sabremos cómo se llama el Presidente”. Y golpeando la tierra con los pies, espantó al animal, mientras los cuatro volantes se deshacían por la humedad en sus manos. Fue entonces cuando vimos por primera vez los helicópteros artillados. (Desde ellos habían lanzado los volantes sobre el inexpugnable cielo de vegetación de Flor del Valle). El ruido despertó por completo a la población. Y al instante llegó un muchacho alarmando al pueblo, porque los guerrilleros se habían instalado en El Guayabo.
Mi casa está aquí, o en cualquier parte de este pueblo fantasma. Me alimento de los pocos frutos de la Manguita, o de algún animal que cae en las trampas que les tiendo. La vegetación se ha vuelto abrupta. .Y ya las pocas vías de entrada que tenía Flor del Valle, están bloqueadas por las ruinas, las piedras y la vegetación que los años y el río y la acequia, han volcado sobre ellas. Camino con un tedio enorme. A veces creo que debo de tener ochenta años o acaso un siglo. No sé. Vivir así, aislado de todo el mundo, es como volver al principio de la civilización. A su estado natural. A veces, cuando los músculos no responden, por la permanencia de éstos, en una sola posición, creo que ahora si, “lentamente me está llegando la muerte”. Pero entonces si me levanto, me piso la barba o el cabello, y me voy de bruces contra el suelo. De pronto he visto sombras. Imágenes. Me dicen que escape de aquí. Pero simulo ser un ciego entre esta mole de escombros y ruinas que taponan las salidas de Flor del Valle. Finjo, porque no quiero dejar los recuerdos. Son mi vida. Porque el día que salga de aquí estaré, irremediablemente, ahora sí, tristemente, totalmente y definitivamente, muerto ya, el último hijo de Flor del Valle.
Sé que oscilo entre el péndulo de la razón y la locura. Divago. La soledad me aterra. Quiero correr hacia otro mundo. Olvidarme de Flor del Valle. Ya me parece que traspaso las barreras, las ruinas. Voy a saltar los enormes fardos. No debo mirar hacia atrás. Aunque las hierbas y las espinas me hieran. Aunque las hormigas y las avispas me azoten en el camino. Ya estoy brincando el último fardo. No, no debo mirar hacia atrás. Pero miro, y desfallezco, y dejo de fingir. Amo mis recuerdos y regreso a Flor del Valle. Moriré con él. (Soy una estatua de sal).


Publicado en el Dominical de El Universal de Cartagena de 2000